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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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EL CIELO

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Todo Cielo en su conjunto, refleja a un sólo hombre

59. Que el cielo en todo su conjunto representa a un solo hombre es un arcano no todavía conocido en el mundo; en el cielo, es por el contrario conocidísimo. Saber esto y los correspondientes detalles especiales y particulares, es allí lo principal de la inteligencia de los ángeles. De esto dependen también una multitud de cosas, las cuales, sin aquello por base común, no entrarían distinta y claramente en las ideas de sus mentes. Puesto que saben que todos los cielos con sus respectivas sociedades representan a un solo hombre, llaman también al cielo el Hombre Máximo y Divino porque lo Divino del Señor hace el cielo (véase arriba, n. 7-12).

60. Los que no tienen idea exacta de las cosas espirituales y celestiales no pueden comprender que las cosas celestiales y espirituales se hallen arregladas y combinadas en tal forma. Piensan que las cosas terrestres y materiales que componen el exterior del hombre constituyen a este; pero sepan que el hombre no es hombre por ellas, sino por poder entender la verdad y querer el bien; estas son las cosas espirituales y celestiales que hacen el hombre. El hombre sabe también que cada uno es tal hombre cual es con respecto a su inteligencia y voluntad, y puede saber también que su cuerpo terrenal está formado para servir en el mundo a estas y prestarles debidamente usos en la esfera ulterior natural. Por esta razón el cuerpo solo nada puede hacer, sino que obra en completa obediencia al dictado de la inteligencia y de la voluntad, hasta tal punto que cuanto el hombre piensa lo expresa con la lengua y la boca, y cuanto quiere lo hace con el cuerpo y los miembros, de manera que son el entendimiento y la voluntad los que obran, mientras que el cuerpo de sí y por sí mismo nada hace.

Esto demuestra que las cosas de la inteligencia y la voluntad constituyen el hombre, y que estas cosas tienen idéntica forma humana puesto que obran en las más mínimas partículas del cuerpo como lo interior en lo exterior. Por la misma razón el hombre se llama a causa de ellas, hombre interior y espiritual. Tal hombre, en forma la mayor y más perfecta, es el cielo.

61. Tal es la idea de los ángeles con respecto al hombre, porque no prestan atención a lo que el hombre hace mediante el cuerpo, sino a la voluntad por virtud de la cual obra el cuerpo. A esta y a la inteligencia en cuanto obra en armonía con la voluntad, llaman el verdadero hombre.

62. Los ángeles no ven por cierto el cielo en forma humana en todo su conjunto, porque la totalidad del cielo no cabe en la vista de ángel alguno; pero a veces ven desde lejos a sociedades consistiendo de muchos millares de ángeles como uno solo en tal forma; y por una sociedad como por una parte deducen la idea acerca de lo general que es el cielo; porque en la más perfecta forma lo general es como las partes y las partes como lo general. La diferencia es únicamente como entre cosas similares más grandes y más pequeñas. Por esta razón dicen que el cielo entero es tal ante la vista del Señor, puesto qué lo Divino desde lo más íntimo y más supremo ve a todo.

63. Siendo tal el cielo es dirigido también por el Señor como un solo hombre y por consiguiente como una entidad: porque sabido es que por más que el hombre consista de una innumerable variedad de cosas, tanto en su conjunto como en sus partes—en su conjunto, de miembros, órganos y entrañas; en sus partes, de series de fibras, de nervios y de vasos sanguíneos, es decir, de miembros dentro de miembros y partes dentro de partes—el hombre al obrar, obra sin embargo como un solo cuerpo. Tal es también el cielo bajo los auspicios y la dirección del Señor.

64. La razón por la cual las diversas cosas en el hombre obran todas como una sola cosa, es que nada hay en él que no contribuya algo al bien común, que no preste algún provecho. Lo común presta provecho a sus partes y las partes prestan provecho a lo común, porque lo común consta de las partes y las partes constituyen lo común; por lo cual se atienden recíprocamente, se miran mutuamente, combinándose en tal forma que todo y cada detalle se refiere a lo común y a su bien. Es así que obran como una sola cosa. De igual carácter son las asociaciones en los cielos, se combinan allí en parecida forma según los provechos, por lo' cual las que no prestan provecho al común son echadas del cielo, por ser cosas heterogéneas. Prestar provecho es desear el bien a otros por interés del bien común, y el no prestar provecho es querer hacer bien a otros no por interés del bien común, sino por interés propio; estos últimos son los que se aman a sí mismos sobre todas las cosas; pero los primeros son los que aman al Señor sobre todas las cosas. De ahí viene el que aquellos que están en el cielo actúan como una sola cosa; pero esto no por sí mismos, sino por el Señor; porque miran a Él como al Único Origen (Unicum á Quo), y a Su reino como a la comunidad a la que se debe atender. Esto significan las palabras del Señor:

Buscad... primeramente el reino de Dios y Su justicia y todas (estas) cosas os serán añadidas (Mateo 6: 33).

"Buscar Su justicia" es buscar Su bien.1 Los que en el mundo aman el bien de la patria más que el suyo, y el bien de su prójimo tanto como el suyo, ellos son los que en la otra vida aman y quieren el reino del Señor, porque allí el reino del Señor está en lugar de la patria; y los que aman a hacer bien a otros no por su interés propio sino por interés del bien, estos aman al prójimo, porque allí el bien es el prójimo. Los que están así se hallan todos en el máximo Hombre, es decir en el cielo.

65. Puesto que el cielo entero representa a un solo hombre y que también es el Hombre Divino Espiritual en su mayor forma, y también en efigie, se distingue por consiguiente el cielo en miembros y partes de igual manera que el hombre, y se denominan estas de la misma manera. Los ángeles saben también en que miembro se halla una sociedad y en que otro otra, y dicen que tal sociedad se halla situada en la cabeza o sea en una región de ella, tal otra en el pecho o región del mismo, otra más en alguna región del lomo, y así sucesivamente. En general el supremo cielo, o sea el tercero, forma la cabeza y el cuello, y el intermedio cielo, o sea el segundo, forma el pecho y las piernas hasta las rodillas; el último cielo, o sea el primero, forma los pies hasta las plantas, y también los brazos hasta los dedos, porque los brazos y las manos son las extremidades del hombre, por más que están a los lados. De aquí es una vez más evidente el por qué hay tres cielos.

66. Los espíritus que se hallan debajo del cielo se muestran sumamente asombrados cuando oyen y ven que el cielo está encima de ellos y también debajo, porque están en la misma creencia en que están los hombres en el mundo, en que el cielo no se halla más que hacia arriba, no sabiendo que la situación del cielo es como la situación de los miembros, órganos y vísceras en el hombre, los cuales están unos arriba, otros abajo, y que es como la situación de las divisiones en cada miembro, órgano y víscera, de las cuales unas están en el interior, otras en el exterior; por ello se confunden con respecto al cielo.

67. Estas cosas referentes al cielo como el máximo Hombre han sido referidas porque sin este reconocimiento previo nada se puede concebir de las cosas que siguen, referentes al cielo. Tampoco se puede formar concepto claro de la forma del cielo, de la conjunción del Señor con el cielo, ni de la conjunción del cielo con el hombre; tampoco del influjo del mundo espiritual en el mundo natural, y nada absolutamente de correspondencia, de cuyas cosas hemos de tratar, sin embargo según su orden en lo que sigue. Para dar luz sobre estos puntos, queda adelantado lo presente.